Ayers Rock,... el corazón sagrado

En el corazón mismo de Australia se levanta un monolito natural de arenisca roja, que es, desde hace siglos, un lugar sagrado para los aborígenes en el que aún hoy celebran ritos ancestrales. Se le denomina Ayers Rock, o el Uluru.


Llegamos a uno de los puntos importantes de Australia Ayers Rock situado a unos 400 km al sur de Alice Springs, es el corazón de Australia, y nunca mejor dicho, porque esta formación rocosa de 9 km de diámetro es como un enorme corazón rojo que parece vivo.

El camino se hace largo desde Alice Springs, pero por fin aparece en el horizonte la figura elevada de un macizo de roca roja que destaca en medio del desierto.




Cuando uno ve en directo uno de los iconos más conocidos de Australia, puede suceder como cuando ves cualquier otro monumento conocido por primera vez: pensar que sólo es una roca enorme, o verlo como algo que lleva miles de años en el mismo sitio.

Pero lo cierto es que realmente impresiona. Ayers Rock, o el Uluru, como lo llaman los aborígenes de la zona, parece un enorme ser vivo semienterrado, porque cambia de tono según transcurre el día.

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Por eso los amaneceres y anocheceres en el Uluru son tan espectaculares. Los colores rojos de la roca se funden con tonos ocres, y las grietas y cavidades que tiene, se transforman en figuras y sombras mágicas.

Los aborígenes Anangu, habitantes de estas tierras, lo consideran un lugar sagrado y todavía hoy celebran rituales y ceremonias en honor a sus antepasados, que creen que reposan ahí.

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Por eso, los Anangu recomiendan a los turistas no escalar la roca, y la hacen respetar.
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En la base del Uluru existen numerosas grutas y cuevas sagradas para los aborígenes, donde celebran sus rituales, y no permiten que se acceda a ellos o se tomen fotos.

La puesta de sol es espectacular, más aún si se hace tomando unas cervezas y tocando el didgeridoo. El monolito es, para los Anangu, es un punto de energía cósmica que simboliza a sus antepasados.
No sé hasta qué punto esto es cierto, pero lo que sí pudimos comprobar fue que las dos noches que estuvimos allí, el Uluru atrajo varias tormentas que dejaban la roca roja mojada y con pequeñas cascadas de agua que caía desde la cumbre. Ver los relámpagos sobre el macizo, del que se dice que es como un enorme iceberg en la tierra, con sólo una parte visible de su totalidad, es una experiencia única.

Además en sus alrededores está Katja Tjuta, un conjunto de rocas similares a Ayers Rock, que a nosotros nos parecieron incluso más bonitas que el propio Uluru.

Son rocas con formas de cabezas humanas o huevos enterrados en la tierra, y un atardecer en ellas obliga a hacer unas cuantas fotos.

Un poco más apartado, se encuentra el Kings Canyon, un valle formado hace miles de años, en el que se puede hacer una interesante marcha a pie de 6 km, bordeando los precipicios del cañon, o también sobrevolarlo en helicóptero por unos 30 dólares, que es muy divertido.

Sobre todo observar un enorme cráter desde el helicóptero, creado hace millones de años por el impacto de un meteorito.

Son paisajes irreales y prehistóricos que sirven de culto para el pueblo aborigen, dentro de este país que no deja de sorprendernos.

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